sábado, 31 de marzo de 2012

Un mundo extraño (cualquier semejanza con la ley antitabaco es absolutamente intencional)


Ayer soñé con un mundo extraño. Muchos de sus habitantes tomaban una pastilla para no tener pesadillas. Los que nunca la habían tomado no sabían qué era una pesadilla y se quejaban del olor que despedía la pastilla al ser ingerida. Los que la tomaban se quejaban de las quejas de los anti-pastilla y reivindicaban su derecho a tener una vida libre de pesadillas. Las autoridades, presionadas por los anti-pastilla, improvisaban leyes para limitar su consumo, mientras eran tildados de hipócritas por los pastilleros. Los fabricantes de pastillas pagaban elevados impuestos pero nunca se quejaban.

Hoy soñé otra vez con el mundo extraño. Ya nadie tiene pesadillas. Los fabricantes no fabrican pastillas sino chicles. Dejaron de fabricarlas dos años antes de que apareciera un mal mucho peor que las pesadillas: La gente se queda dormida instantáneamente mientras camina, conduce o trabaja y sólo los chicles parecen evitarlo. No existen los anti-chicle porque todos padecen el nuevo mal. Las autoridades incentivan el consumo de chicles contra el sueño. Los fabricantes, que ahora pagan ínfimos impuestos, reclaman mejores condiciones y suben los precios de los chicles todas las semanas.

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